Ballet Nacional del SODRE

La literatura toca la danza

Con el estreno de “Un tranvía tranvía llamado deseo”, de Tennessee Williams, la compañía dirigida por Julio Bocca abrió la temporada 2011. El título mayor del teatro estadounidense de pos guerra, fue llevado al ballet por el coreógrafo Mauricio Wainrot.

2 Comentarios Por () | 24/03/2011

"Un tranvía llamado deseo", de Mauricio Wainrot, interpretado por el Ballet Nacional del SODRE. Fotos: Fabián Centurión. Gentileza BNS.

La obra y su autor. Hacer click aquí…

“Un tranvía tranvía llamado deseo”, la obra del escritor norteamericano Tennessee Williams abrió la temporada 2011 del Ballet Nacional del SODRE bajo la dirección artística de Julio Bocca. Considerada el título mayor de la literatura teatral estadounidense de pos guerra, fue llevada al ballet en “versión libre” por el coreógrafo Mauricio Wainrot, con música de Bela Bartók, escenografía y vestuario de Carlos Gallardo e iluminación de José Luis Fioruccio. Las funciones comenzaron el 18 y terminan el 29 de marzo en el Auditorio Nacional Adela Reta.

La coreografía de Mauricio Wainrot para “Un tranvía llamado deseo”, muestra episodios de la obra en sucesivos flashback. El pormenorizado relato, se inicia con la llegada de Blanche al hospital para enfermos mentales. “Los acontecimientos más importantes en la vida de Blanche son recreados cuando, ya todo ocurrió, y solo quedan jirones deshilvanados de su memoria. Es una historia de retazos, como Blanche misma, presentada como una personalidad escindida a través de la multiplicación de varias Blanche que se mezclan y confunden.”

Son palabras del propio Wainrot, extraídas del programa de mano, que definen  conceptualmente su coreografía apoyada, sin adherirse, en tres composiciones de Bela Bartók: dos obras para orquesta intercaladas a “El Mandarín Maravilloso”. Las dos obras orquestales exhiben audaces climas obsesivos, que no siempre coinciden con la ambigüedad de algunas secuencias de la coreografía.

“El Mandarín Maravilloso”, en cambio, fue compuesto, especialmente, para otra escalofriante sordidez ajena al Tranvía. Esta densa y extensa versión tiene momentos de interés dramático; sumados a otros en los cuales el exceso de “flashbacks” y del lenguaje neoclásico danzado confunden la acción teatral. No obstante, el comienzo y las dos escenas finales de la obra son emotivos. Antes de bajar el telón, Blanche desvalida, ausente, cargando una valija, y una flor, marcha sin detenerse, bordeando el círculo de luz que la ilumina. Punto final para una obra desigual, pero de efectivos valores estéticos.

El espacio escenográfico diseñado por Carlos Gallardo es, ante todo, funcional; tiene como fondo una sucesión de celdas, tapiadas por puertas que al correrse permiten la aparición o mutis de los bailarines. La iluminación ideada por José Luis Fioruccio fue excelente: no solo subrayó momentos de la coreografía, también jerarquizó toda la producción; que en los demás rubros escénicos funcionó impecablemente.

Especial mención merece la actuación del Ballet Nacional. En todo momento funcionó como un equipo sólido y competente, dispuesto a resolver las inusitadas complejidades de esa realización coreográfica. No hubo desajustes en los movimientos, tampoco los hubo en la exigente expresividad de los bailarines que, sin duda, alcanzaron el nivel más alto de la ambiciosa producción. En cuanto a los solistas, requeridos al máximo en sus aptitudes técnicas e interpretativas, respondieron de manera admirable a los personajes que les tocó desentrañar.

En el elenco del día 19 de marzo, Sofía Sajac reeditó su reconocido histrionismo, sobresaliendo su sensibilidad y variados matices expresivos en la composición de Blanche DuBois. Grande fue el impacto que provocó la impresionante fuerza salvaje de Ismael Arias como Stanley Kowalski. Al tiempo que Vanessa Fleitas conmovió por la ternura fraternal y sensualidad que transmitió al rol de Stella. Sebastián Arias manifestó afecto y desengaño personificando a Mitch. Los otros personajes, como piezas de ajedrez, siguieron el juego dramático y respondieron totalmente a la propuesta del coreógrafo. El público, numeroso, aplaudió de forma inusual la actuación de nuestros bailarines y también la obra; indicio de que Julio Bocca nos lleva  por buen camino.   

Festejando el centenario del nacimiento de Tennessee Wiliams, la ciudad de Montevideo se hace presente con dos versiones de  ”Un tranvía llamado deseo”: una teatral, la otra coreográfica. El público de Montevideo tendrá oportunidad de enfrenarse a la contundencia irrebatible de la palabra, o al enigma de movimientos acompañados de música. En algunas ocasiones la expresión artística que llamamos danza, deslumbra por el modo de interpretar la palabra. Cuando ocurre ese fenómeno, el genio del coreógrafo está, indiscutiblemente, presente.

2 Comentarios para La literatura toca la danza

  1. 10wagner's Gravatar 10wagner
    30/03/2011 at 9:13 pm | Permalink

    Anoche vi al elenco al que se refiere el Mto. Barbón en su espléndida crítica, no puedo menos que suscribir en su totalidad lo que él adjetiva de los interpretes principales. En cuento a comparaciones, que siempre son odiosas, en lo referente al cuerpo de baile se advertía más presición y homogeneidad en los grupos, lo que es razonable luego de diez funciones; creo que para preferir un elenco al otro hay que hilar muy fino, siempre haciendo referencia a un nivel superlativo, que no está en mí poder hacer con argumetos técnicos, claro que juega mucho el corazón. Al final un incidente risueño: al salir a saludar en solitario Ismael Arias se resbala en el agua que había queadado en el escenario luego de la última escena de la obra, donde Blanche es bañada, el artista con gran clase logra convertir ese accidente en una figura que el público supo ovacionar con humor y agradecimiento.-

  2. 10wagner's Gravatar 10wagner
    24/03/2011 at 10:20 pm | Permalink

    Estuve ayer en el Auditorio Adela Reta presenciando esta obra, en mi carácter de simple aficionado, puedo decir que quedé muy impresionado por el espectáculo, con sala llena, no se oía ni un susurro, todos espectantes y “metidos”en la obra, que es muy dura, muy intensa, muy compleja en sus diferentes aspectos. Una música, en mi opinión, perfectamente apropiada al argumento, un cuerpo de baile absolutamente comprometido con la coreografía y con los personajes que les tocaba interpretar, una ambientación muy lograda con unas luces maravillosas y unos protagónicos en gran forma, me tocó el reparto con Rosina Gil, Samuel Bianchi y Giovanna Martinato(veré al otro elenco el martes próximo). Todos estuvieron a gran nivel, pero me sorprendió Bianchi ya que en el repertorio clásico no había tenido gran destaque la temporada pasada. No puedo referirme a la coreografía en sí, pero fue un espectáculo que muy bueno, digno para abrir la temporada.-

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