JULIO 2009 | EDICIÓN Nº84
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Francisto Rey Alfonso - Parte II
El escritor eterno
Continuación de la entrevista al historiador e investigador cubano. Una mirada retrospectiva a su propia obra, a los reconocimientos recibidos, y a su labor docente en el ámbito de la danza teórica.
Recuadro: Los libros: balance del autor
"Este laborioso quehacer de escritor desde luego me ha abierto puertas, me ha dado a conocer en alguna medida –eso en verdad no me preocupa–, el conocimiento, lejos de aupar la vanidad, me ha la temperado", comenta Francisco Rey Alfonso, quien a diferencia de otros escritores, prefiere ver que ser visto. Para el escritor, investigador y docente cubano, especializado en la historia de la danza, lo más importante, el centro de su universo, es darle culminación a las investigaciones y a los libros en camino, sobre todo el que constituye su gran meta: el de la historia del baile teatral en Cuba, que aspira a escribirlo con el rigor que el tema requiere.
D: Los reconocimientos a su labor investigativa y a su fruto, que son los artículos, las conferencias, la labor pedagógica y los libros hasta ahora publicados, ¿qué le aporta como individuo?
FRA: El mayor aporte se ha construido de una manera inconsciente, y es el de haberme creado un mundo en el que nadie puede entrar, porque ese mundo radica en mi cabeza, en mi conciencia, un “espacio” que solo manejo yo a mi conveniencia. Desde ese punto de vista es como si viviera en una autárquica isla desierta, la cual, según los requerimientos de la vida diaria, lo mismo es un remanso que una fortaleza: mis conocimientos y yo, mis archivos de datos y yo, mis escritos y yo, mis ilusiones y metas... Y ese mundo al margen del cotidiano de todos se fortalece día a día en las bibliotecas, en los archivos, gracias a la adquisición de un nuevo dato, al descubrimiento de algo que no conocía… Tanto ha crecido en mí ese mundo, tanto me sustenta, que además de refugio se ha convertido en una atalaya, y desde esa torre he logrado una perspectiva que me ha permitido calibrar mejor a las personas y a los hechos. Todo eso a lo que usted se refiere en su pregunta, lo que me aporta como individuo, en fin, es seguridad, fuerza, luz, gozo, estímulo.
D: ¿Y cómo se proyecta desde su labor pedagógica?
FRA: Aunque no es una faceta muy abundante en mi quehacer dentro del mundo de la danza, la mayoría de esas labores las desarrollé durante mis años de trabajo en el BNC, debido a que varios bailarines, que eran, desde luego, mis compañeros de trabajo, me pidieron ayuda para que los apoyara como tutor o como consultante cuando fueron a graduarse en el Instituto Superior de Arte. Asimismo, a solicitud de profesores amigos míos de la Escuela Nacional de Ballet, trabajé como tutor con varios alumnos que se graduaron en ese centro. Lo mismo ha ocurrido con integrantes del Ballet Español de Cuba. Además de ese trabajo, también participé como profesor en cursos de postgrado, creo que en dos, impartidos por colectivos de profesores del BNC. De igual manera, antes de publicarse el libro, impartí solo un curso de postgrado relativo al ballet romántico en Cuba. A eso se suman charlas y conferencias impartidas de manera esporádica, en diversos lugares, en función de los Festivales Internacionales de Ballet u otros eventos. Aunque en varias oportunidades recibí la invitación para trabajar como profesor de Historia de la Danza en el Instituto Superior de Arte (algo similar ocurrió una vez con la Escuela Nacional de Ballet), decliné esas ofertas, que me honran, porque no quería –ni quiero que nada me desviara de mis investigaciones, en fin, de mis libros en proceso de redacción.
D: Lo cual lleva a pensar que no ha ejercido mayormente en las aulas...
FRA: No es así, luego, por sacarles las castañas del fuego a varios amigos en apuros, impartí algunos cursos de historia de la danza, pero en verdad los ofrecí muy a mi pesar. Como puede apreciar soy en extremo celoso con mi tiempo. Sin embargo, hasta hoy nunca me he negado a ayudar a quien lo necesite: cuando alguien del medio, cualquiera sea su especialidad, por cualquier motivo, ha necesitado mi ayuda, se la he brindado con muchísimo gusto, pero sin compromisos posteriores. Lo mismo ocurre en las bibliotecas donde realizo mis investigaciones, en las cuales no pocas veces he orientado en sus búsquedas lo mismo a bailarines profesionales que a estudiantes: les propongo bibliografía, les enseño el manejo de los catálogos... Sin embargo, lo que sí me gustaba hacer eran las visitas dirigidas en el Museo de la Danza, labor que llegó a convertirse en algo cotidiano, pues rara vez, mientras estuve allí, alguien más las hizo.
D: ¿Qué importancia le otorga al hecho de merecer el premio Dador de investigación cuando se acerca el centenario del posiblemente más trascendente y universal de todos los escritores cubanos, José Lezama Lima?
FRA: Sin menoscabo de la persona de Lezama, un escritor que tanto respeto, le concedo la misma importancia que a los otros reconocimientos recibidos, una importancia que para mí radica en lo siguiente: que las personas que componen un jurado, con toda la carga de subjetividad que eso implica (suele decirse que “todo jurado se premia a sí mismo”), encuentren interesantes mis propuestas y las distingan en el conjunto de las obras concursantes. El libro galardonado con el Premio Dador fue el “Diccionario de obras danzarias interpretadas en Cuba (1800-1960)”, una labor tan agotadora como extensa que me gustó mucho realizar, debido a todo lo que me hizo recordar y a todo lo que me hizo aprender. Aunque todavía lo considero en proceso de acabado, de pulimento, detrás de él hay cuando menos veinte años de trabajo.
D: Lo cual no es poco…
FRA: Una labor de esa naturaleza no se hace de un día para otro, una información tan vasta no se consigue de la noche a la mañana. ¡Ya ni recuerdo cuándo comencé a redactarlo! En él recojo tanto los títulos (ballet, baile español, danza moderna y folclor teatralizado) como las veces que ellos subieron a escena en nuestros teatros. Cada asiento comprende, además, los datos técnicos de cada presentación así como sus repartos o intérpretes según el caso. Como puede apreciar, se trata de un singular y extenuante esquema de trabajo. Me siento muy contento de haber realizado ese diccionario, el cual, espero, sea de mucha utilidad. Además, desde otro punto de vista, si no se me adelanta alguien sería el primero hecho en Cuba.
D: ¿Qué significa para usted haber obtenido el Diploma de Oro del Gran Teatro de La Habana, por primera vez otorgado, junto a figuras de la más alta talla nacional y mundial, y ser el más joven entre todos los homenajeados?
FRA: El valor fundamental es el afectivo. Hace muchos años que estoy vinculado a esa institución, rastreando su historia, escribiendo sobre ella, publicando trabajos, hablando sobre ella: prensa, radio, televisión… Tanto es así que muchos me consideran su historiador, título que, de ser cierto, para mí no sería poca cosa. Por tal motivo, aunque propiamente nunca he trabajado allí (como empleado oficial de la institución N de la R ), me siento parte de ese centro, en particular de su teatro. Me dio mucha alegría haber recibido esa distinción. He aprendido con Martí que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.
D: ¿Le gustaría que, una vez que pasen las glorias y queden sólo las memorias, lo recordaran de alguna manera especial, o por algo especial?
FRA: Los que trabajamos con la historia, o al menos ese es mi caso, quizá tenemos un concepto más cabal que otras personas de la posteridad. Nosotros, en el transcurso de nuestras labores, comprobamos constantemente los efectos de las personas y los hechos en su correspondiente posteridad, comprobamos de continuo los poderes de la historia, tantas veces ignorados. La historia tiene una propensión a la justicia impresionante: por más que se le manipule nadie escapa. Ella le da a cada cual lo que realmente le corresponde, por encima del contrapeso derivado de la tendenciosidad de los coetáneos y los historiadores. Ojalá que la historia de la cultura cubana sea conmigo lo más generosa posible, que recuerde que fui una persona que trabajó por ella con mucho amor, que fui una persona que trató de rescatar para ella, en mi momento, algunas de sus zonas olvidadas. Ojalá asimismo que mis libros se conserven “por los siglos de los siglos”, y que mis desvelos en tal sentido, a despecho de la dialéctica, continúen siendo útiles, teniendo validez cuando, como usted dice, “queden solo las memorias”.
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